lunes, 20 de febrero de 2012

CARTA A LOS ROMANOS. LA LEY, RÉGIMEN DE MUERTE. 7,7-25.

    7-Conclusión: que Ley es sinónimo de pecado.
          -¡Ni mucho menos! Es verdad que, si descubrí el pecado, fue sólo por la Ley. Yo realmente no sabía lo que era el deseo hasta que la Ley no dijo: "No desearás", 8y entonces el pecado, tomando pie del mandamiento, provocó en mí toda clase de deseos. De hecho, en ausencia de Ley, el pecado está muerto, 9mientras yo, antes, cuando no había Ley, estaba vivo. Pero, al llegar el mandamiento recobró vida el pecado 10y morí yo: me encontré con que el mismo mandamiento destinado a dar vida, daba muerte, 11porque el pecado, tomando pie del mandamiento, me engañó y, con el mandamiento, me mató.
          12-Así que la Ley es santa y el mandamiento santo, justo y bueno. 13En todo caso, eso en sí bueno se convirtió en muerte para mí.
          -No, tampoco, sino que el pecado aparece como pecado porque utiliza eso en sí bueno para provocarme la muerte; de ese modo, gracias al mandamiento, resalta hasta el extremo lo criminal del pecado.
          14La Ley es espiritual, de acuerdo, pero yo soy un hombre de carne y hueso, vendido como esclavo al pecado. 15Lo que realizo no lo entiendo, pues lo que yo quiero, eso no lo ejecuto y, en cambio, lo que detesto, eso lo hago. 16Ahora, si lo que hago es contra mi voluntad, estoy de acuerdo con la Ley en que ella es excelente, 17pero entonces ya no soy yo el que realiza eso, es el pecado que habita en mí.
          18Veo claro que en mí, es decir, en mis bajos instintos, no anida nada bueno, porque el quere lo excelente lo tengo a mano, pero el realizarlo no; 19no hago el bien que quiero; el mal que no quiero, eso es lo que ejecuto. 20Ahora, si lo que yo hago es contra mi voluntad, ya no soy yo el que lo realiza, es el pecado que habita en mí.
          21 Así, cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro fatalmente con lo malo en las manos. 22En lo íntimo, cierto, me gusta la Ley de Dios, 23pero en mi cuerpo percibo unos criterios diferentes que guerrean contra los criterios de mi razón y me hacen prisionero de esa ley del pecado que está en mi cuerpo. 25b En una palabra: yo de por mí, por un lado, con mi razón, estoy sujeto a la Ley de Dios; por otro, con mis bajos instintos, a la le del pecado.
          24¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este ser mío, instrumento de muerte? 25aPero, ¡cuántas gracias le doy a Dios por Jesús, Mesías, Señor nuestro!

EXPLICACIÓN.

7-25.   Estar bajo la Ley equivale a estar bajo el pecado (6,14), pues la Ley atiza las pasiones pecaminosas (7,5). Conclusión del objetor: Ley es sinónimo de pecado. Pablo lo niega rotundamente (7a). No desearás, Éx 20,17. El pasaje no trata de la experiencia cristiana, pues el cristiano está libre de la Ley (6,14); expone la situación del hombre que vive bajo la Ley con deseo de perfección egocéntrica e hipertrofia del yo, en su confrontación desesperante con la Ley, que le demuestra la inutilidad de su esfuerzo. La Ley en sí misma no es instrumento de salvación, pero tampoco de perdición. Ahora bien, el pecado la ha utilizado, engañando al hombre. La Ley prometía vida, y el pecado ha transformado el deseo de vida en afán de autoafirmación y autosuficiencia. Pablo personifica al pecado; duelo entre el hombre y el pecado, en que uno solo puede quedar con vida. El pecado crea la imagen de un Dios tirano y persuade al hombre de que la vida consiste en librarse de Dios (7b-11).   

             Unión de Ley y muerte (5,12; 6,16.21.23; 7,10), opuesta al deseo de vida. Ahí está el engaño: en el ansia de autoafirmación no hay más que muerte, lo mismo si se cumple la Ley que si se viola. Pero la ley es buena porque sigue denunciando el pecado (12-13).

         El pecado puede utilizar la Ley, que es buena, para matar al hombre, por la impotencia de éste; porque los instintos propios de su ser (de carne y hueso) no integran a la persona, a menos que se organicen alrededor de un ideal verdadero. Pero el pecado no es un dueño exterior, está en los bajos instintos del hombre. Separa el querer del obrar; es más, todo lo que hace el hombre resulta contrario a su intención primaria (14-25). Vv. 25b.24.25a: Se invierte el orden de los vv. para conservar la sucesión lógica.

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