martes, 14 de febrero de 2012

3. TEMA Y ESTILO DE LA CARTA.

Tema central de la carta es la acción de Dios por medio de Jesús Mesías para salvar a la humanidad entera (11,32), destrozada por el pecado (1,18-3,20). La salvación tiene, por decirlo así dos momentos: una rehabilitación o amnistía inicial, cuya única condición es la fe en Jesucristo, manifestación suprema del amor de Dios al hombre (1,16-17; 3,21-26; 5,6-8), y, en consecuencia, un cambio en lo íntimo del hombre, efectuado por el Espíritu de Dios, que acaba con el dominio del pecado y permite una vida nueva (8,1-3.12-17). Así se abre el horizonte de la vida definitiva, asegurada por la intervención última de Dios que pondrá fina la historia y que satisfará toda aspiración humana (8,18-25).

Para describir la misma realidad, al lado de los términos jurídicos "rehabilitación", "amnistía", "indulto" (todos traducción del término griego dikaiosyne), usa Pablo otra serie: "reconciliación", "adopción", "herencia", inspirados en la relación padre-hijo entre Dios y el hombre (5,10; 8,15-17).

El tema central se desarrolla desde puntos de vista convergentes. Insiste al máximo en la gratuidad de la rehabilitación y de la salvación (3,24; 6,23; 8,3), y con el ejemplo de Abrahán muestra ya que el Antiguo Testamento hacía de la fe el requisito para la aprobación divina (4,1-5), eliminando toda moral legalista y toda perfección basada en la observancia de un código (3,27-28; 4,13-15).

Explica el modo de salvación por una nueva solidaridad del hombre con el Mesías, el nuevo Adán, principio de la humanidad nueva (5,12-21), y deduce las exigencias morales que implica esa solidaridad (6,1-23).

Siguiendo a Jesús, declara que la Ley entera se condensa en el precepto de amar al prójimo como a sí mismo (13,8-10), única norma moral para el cristiano, que deberá aplicar según la situación, distinguiendo por sí mismo lo que es voluntad de Dios en cada ocasión concreta (12,2). Era una moral adulta; demasiado fuerte para algunos, que tenían la fe débil (14,1). La libertad del cristiano respecto a la Ley se limita a sí misma por el sentido de responsabilidad (amor al prójimo) (14-15).

La continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento le obliga a intercalar una explicación de la defección de Israel, pueblo elegido, depositario de las promesas que, sin embargo, no ha aceptado el Mesías, quedando fuera de la salvación (9-11).

El estilo es riguroso, muchas veces lapidario, no pocas elíptico. Utilizando el métido de la diatriba, crea un interlocutor ficticio, siempre un supuesto judío cristiano, que objeta o pide aclaraciones (2,1-2.17; 3,1.5.7.9.31; 4,1; 6.1.15; 7,7.12-13ª; 9,19-20).

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